¿Qué esperar de una formación?

Esa es la pregunta estrella que todos los formadores deberían hacerse antes de decidir sus formaciones. 

Hoy te voy a hablar como usuaria, que lo he sido, lo soy, y lo seré por mucho tiempo, ya que formarme es parte de mi día a día. 

Para mí, como usuaria hay 5 puntos fundamentales que tengo en cuenta en cualquier tipo de formación:

  • Claridad y conocimientos
  • Cercanía
  • Tiempo
  • Formato
  • Precio

Además debe haber un antes, un durante y un después de la formación, curso o taller, porque la formación como todo, ha tenido que evolucionar al igual que los usuarios. 

Vamos por el principio, aunque me voy a centrar sólo en la formación en sí, no en el cómo decido contratar esa formación, la relación ponente/precio, o….

ANTES:

Quiero tener muy claro de qué va a ir el tema, y si además tengo de antemano material para ir “bicheando” y metiéndome en la experiencia, mucho mejor. 

DURANTE:

Odio el formato “americano”, el ruido excesivo, la escasez de luz, o el ruido visual por hacer bulto. Casi, casi tanto como me molesta la “paja” para rellenar horas. 

DESPUÉS:

Quiero un plus, algo que me recuerde lo que la experiencia me ha provocado, para poder fidelizarme. 

La experiencia es una necesidad a día de hoy en el que tenemos tantos inputs bombardeandonos constantemente, y que nos convierten en seres de memoria mínima, y en muchas ocasiones los formadores se olvidan de esa necesidad, o la confunden con un espectáculo, y pierden con ello credibilidad y fidelización. 

¡Ni te cuento la de veces que he salido de una formación antes de “lo bueno”, por la sensación de pérdida de tiempo!

En cuanto a los puntos fundamentales que te comentaba, vamos a profundizar una pizca sobre ellos. 

CLARIDAD Y CONOCIMIENTOS:

A una formación voy a aprender, a llevarme algo nuevo. Y sí, hay veces en las que es necesario hablar de una forma técnica, pero también es necesario aclarar esos tecnicismos. Si se habla con demasiados tecnicismos habrá quien se pierda, por lo que es muy importante tener claro qué personas están acudiendo a esa formación y qué nivel de conocimientos sobre el tema se tiene. Para poder adaptar el mensaje de una forma clara y concisa.

El ponente debe saber de lo que habla. ¿Sencillo verdad? 

Pues hay formadores que son de los de: – “vengo, te suelto lo que he preparado, y me voy”. Y no, un formador debe estar al caso para responder preguntas, aunque entiendo que no todas. O debe poder explicar lo mismo de varias maneras. Eso demuestra que tiene los conocimientos que se esperan de un formador. 

CERCANÍA:

Como he dicho antes, a una formación voy a aprender, por supuesto. No obstante no quiero sentirme tonta. Tonta por no entender de lo que habla, y en ese caso necesito un lenguaje que entienda, que esté dentro del nivel que se supone la formación, y que el formador se moleste en conocer de antemano a quién se está dirigiendo. 

O tonta porque crea que me han tomado el pelo, y eso se puede dar porque el nivel de la formación es demasiado bajo, según la información en la contratación. 

OJO con los niveles, es tan perjudicial para un formador dar una formación en un nivel más bajo del esperado, como más alto del deseado.

TIEMPO:

Mi tiempo es lo más valioso que tengo y no lo regalo con facilidad.

Eso significa que si una formación puede durar dos horas, y la hace en cuatro horas, me están timando dos horas valiosísimas de mi tiempo. 

Y sí, digo timando. Porque están rellenando un espacio de tiempo con paja que no me sirve para nada, más que para devaluar el contenido real de la formación.  

FORMATO:

Elegir el formato más adecuado para cada formación es vital. Y no me refiero a online o presencial. Me refiero a la forma en la que desarrollar la formación. 

Imagina una formación online sobre precios. Si el formador pone una presentación en la que hay gráficos, números y más números, y recita lo escrito, a los 2 minutos todos hemos desconectado y estamos con el móvil o mirando otras cosas en internet. 

Sin embargo, esa misma formación, con el formador exponiendo ejemplos o solicitando esos ejemplos entre los asistentes, mantiene la atención de todos, y la experiencia de los usuarios es mucho más nutritiva.

PRECIO:

Sí, el precio importa. 

Por eso es importante tener presente las expectativas que se pueden generar, + la duración de la formación (real, sin paja), + el formato, + la experiencia, + el material. 

Por eso es necesario tener un embudo de ventas previo, también con la formación, para que las personas tengan la oportunidad de conocer al ponente y darle valor a lo que puede recibir.

Yo no pago por una formación 3.000€, por muy popular que sea el formador, si antes no he comprobado que realmente para mí, su formación puede tener ese valor.

¿Qué te parece? ¿Estás de acuerdo conmigo? ¿A qué punto le das más valor tú? Te leo

Soy Cecilia Morales, impulsora de negocios, formadora inmobiliaria, y creadora del método «Gestión a la cuarta POTENCIA«.

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